Recompensas y castigos

¡Buenas noches!

Recordáis mi renovación de ayer, ¿verdad?. Pues resulta que el vendedor que me atendió me dejó encantada y no porque fuera el típico que te persigue por la tienda ofreciéndote maravillas, que de paso, a mi me ponen muy nerviosa, sino por:

1. Me fichó, como no podía atenderme se disculpó y me dijo que no tardaría. Estaba solo, haciendo varias tareas, que también correspondían a un compañero que se había escaqueado.

2. Cumplió con sus palabras, tan importante este punto en las relaciones humanas/laborales.

3.  Después de explicar lo que yo buscaba. Me ofreció la gama de opciones posibles, sin tratar de darme gato por liebre, sino buscando realmente la utilidad que yo le iba a dar. Sus explicaciones eran, desde mi punto de vista, perfectas: lenguaje sencillo, claro, sincero y directo. Al grano vamos. Y de paso, con ejemplos personales, de experiencias con las diferentes marcas del mercado.

4. ATENCIÓN: ¡Me dijo que me limpiase la barbilla! No, no se me caía la baba, que somos muy propensos a pensar, que si hacemos halagos al sexo contrario es que estamos flirteando, y no, no era el caso. Es que me había manchado con la tinta de unos folletos, pues los apoye en mi barbilla, dicho sea de paso, para hacerme la interesante. 
Y me estaba diciendo, el chico majo de la tienda que me limpiase, me moría de vergüenza, que a él le gustaría que se lo dijeran si fuese al revés, ¡toma castañas! Empatizando, me tenía ganada.

No me lío más, llegué a caja y pensando si habría algún modo de recompensarle, le dije a la cajera el trato tan especial que me había dado su compañero, a lo que esta me dijo si quería rellenar, al igual que se rellenan hojas de reclamación, una hoja de satisfacción.
 Pues ahí que me puse a rellenar los aspectos positivos y favorables que yo consideraba. La gente que esperaba en cola se sorprendía, pero ¿no sería esto lo más adecuado que hiciésemos todos? 


Vivimos en una sociedad que castiga y recrimina nuestras malas actuaciones o equivocaciones, siempre reclamando, siempre quejándonos. Parece que nos han educado para sacar la lupa a los aspectos negativos y ¿que hay de todas las cosas buenas que hacemos?

No digo que debamos estar pasando el brazo por el hombro constantemente, tampoco sobreactuar con poses, que ni nos corresponden, ni son adecuadas al momento o persona. Pero es cierto, que es necesario reforzar las buenas actitudes, el buen trato, la profesionalidad, el saber hacer, las sonrisas. 

¿Que tal si empezamos por felicitar a alguien cercano por algo que consideramos importante y positivo?

También solemos acostumbrarnos a no castigar, pero si reforzar negativamente, es decir, damos por hecho actuaciones de otras personas porque siempre han sido así, en el momento que dejan de hacer X entra nuestra varita de medir y castigamos por no seguir haciéndolo. Las personas se cansan de dar y nunca recibir, a veces, solamente un "gracias" es suficiente para impulsar a esa persona. Pero si además podemos contribuir a su mejora personal y laboral ¿que nos frena?


Todavía hoy tienes tiempo de hacer un halago, dar las gracias o decir a esa persona lo feliz que te hace.


#FelicesSueños





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